Carta triste de amor: A ti que ya no estas

Carta triste de amor A ti que ya no estas

Pasaste por mi vida, querida Valentina, como una estrella fugaz. Estudiamos mucho tiempo juntas, pero nuestra amistad se hizo verdadera cuando pasamos a la secundaria. En ti vi siempre una divertida aliada, una chica muy creativa, un poco despistada, pero eso sí, de gran corazón.

Tú me has dado una gran lección, que muy pocos conocen: es más valiente quien da el primer paso. Recuerdo que nos peleamos por algo que, ni siquiera era nuestro problema; pero igualmente, fue una situación que nos afectó. Recuerdo como después de un mes sin hablarnos, tú diste el primer paso de llamarme y esclarecer las cosas. Pensar que esa mañana, del 8 de noviembre, hablamos por teléfono y me sentí contenta por habernos recuperado la una a la otra.

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Mi Valen, no pensé que esa tarde, te vería en un ataúd, por un estúpido accidente. Sentí dolor del tiempo que perdí. Sentí dolor de saber que, no podríamos ver nuestro futuro en este plano existencial. Sentí dolor por no haber sido valiente como tú: tu nombre definitivamente, fue tu estandarte.

No he conocido a alguien más humilde que tú; desde el cielo, sabes a qué me refiero. Y sé que desde el cielo, me das fortaleza y en los momentos más duros, me recuerdas que la vida es maravillosa, pues te apareces en mis sueños. Gracias amiga mía, por enseñarme en esos pocos años que tanto compartimos, que la amistad no tiene límites ni de distancia, ni de tiempo, ni siquiera de planos existenciales, pues sigues acompañándome cada día de mi vida.

Cuando camino entre la naturaleza, veo girasoles o vuelan las abejas cerca de mí, sólo puede venir a mi mente un nombre, y a mi corazón, tu sonrisa. Gracias por amarme más de lo que yo te amaba, pues tú saliste a mi reencuentro.

Te amo, a ti, que ya no estás físicamente, pero que para siempre vives en mi corazón.

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