Carta de amor a un profesor de la Universidad

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La verdad es que no sé muy bien por dónde empezar, pero como dices en tus clases, intentaré ser lo más directa posible: ¡Estoy enamorada! Obviamente al dirigir esta carta hacia ti (me dejas hablarte de tú, ¿verdad?) es porque el destinatario es también el objeto de mi deseo.

Lo sé, es lo más típico que podría haber encontrado en una historia de amor. La alumna de Universidad que se enamora de su relativamente joven e inteligente profesor. ¿Pero qué le vamos a hacer? No tengo ninguna excusa, ningún motivo por el que argumentar este sentimiento de forma racional. Es todo impulso, todo sentimiento, es el amor como los más clásicos podrían asimilarlo.

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Lo cierto es que siempre me has parecido interesante. Desde el primer día del curso, en el que entraste a clase con tu camisa algo desabotonada y tus gafas de pasta, me pareció que no estaba ante el típico profesor de Universidad serio, irascible y defensor de la mayor rectitud.

Desde las primeras lecciones noté cómo tu percepción de la vida es diferente a la del resto de adultos. Es más joven y jovial, por eso creo que siento una afinidad hacia ti que no podría sentir con nadie más que impartiera clases.

Por supuesto, el físico juega un papel importante. Amo verte todos los días con un afeitado algo informal. ¿Cómo conseguirás que sin estar afeitado del todo transmitas una rutina por la que seguro cuidas de tu imagen? No lo sé, pero estás encantador. Mientras das clase te atusas la barbilla, como si estuvieras pensando en algo realmente complejo. Y luego dices una tontería que me hace reír, completamente embobada por tus ocurrencias.

Amo tus ojos color madera, tus labios finos perfectamente cuidados, tu pelo greñudo y rebelde, como tu espíritu, que sé que lucha por la rectitud de la docencia y la juventud que se escapa de tus manos.

Con mis amigas he estado intentando adivinar tu verdadera edad. ¿Tienes 35, 40, 45? Te cuidas tan bien que disimulas perfectamente el envejecimiento de las células hasta el punto que el primer día te confundí con uno de mis compañeros.

¡Pero qué poco te pareces a ellos! Su mayor objetivo en la vida es irse de fiesta durante los fines de semana y ver con cuántas chicas se han acostado al final del semestre. Yo no busco eso en un chico, no busco una juerga sin frenos ni un camino sin objetivos. Yo busco un hombre, alguien que tenga experiencia en todos los sentidos de la vida, una persona con la que compartir no sólo momentos satisfactorios y divertidos, sino también inquietudes, problemas, preguntas. Yo, en definitiva, busco a un hombre en concreto, te busco a ti.

Lo sé todo, descuida. Por eso esta carta no tiene nombre ni está escrita a mano. Sé lo de las normas. Si la Universidad descubre a un profesor con una alumna, la expulsión de ambos es inmediata. Actuaré con discreción. No sólo por tu vida profesional, sino también por la privada. Conozco lo de tu matrimonio y, desde luego, lo de tu inminente divorcio. Si no, jamás te escribiría esta carta. No soy ninguna destroza hogares. Sé lo de tu hija, lo de tu dolencia física en la pierna derecha, incluso los empastes que tienes tras tu lesión jugando en el fútbol.

Como ves, profesor, he hecho todos los deberes. He estudiado tu vida a conciencia para intentar acercarme a tu corazón. Espero haberlo conseguido porque creo que noto tus miradas, me parece sentir con tus gestos cierta atracción y sólo quería que supieras que eres completamente correspondido.

Jamás he amado a un hombre mayor. Sólo he estado con chicos más jóvenes que yo. Ciertamente infantiles llegaría a decir. Ninguno de ellos ha conseguido llenarme ni como mujer ni como persona. Me falta algo, necesito ser completada por alguien con más experiencia, con un atractivo irresistible y una inteligencia que supere los comentarios de un partido de fútbol o la última película de acción que vieron en el cine, no quiero alguien que ame el gimnasio, sino el cuerpo físico, no deseo a nadie que busque una mujer, sino a su complemento femenino. En definitiva, busco un hombre hecho y derecho, con experiencia, inteligencia y atractivo. Te busco a ti, profesor.

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