Carta de amor a la mujer que ha crecido a su lado

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Amor con historia es el que formamos, querida mía. Un amor con recuerdos, muchos recuerdos, descendientes, amigos que han estado y ya no están, nuevos amigos formados por los dos y viejos amigos que siguieron otros caminos.

Nuestro amor lo forman 30 años de unión, de besos, de caricias, de miradas, de apretones de manos, abrazos y pasión. Son 30 años, 32 para ser exactos en los que no me he cansado ni una sola vez de verte todos los días por las mañanas preparando tus tostadas y zumo para desayunar.

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Has envejecido, como todo hijo de vecino, como toda mujer que sufre 3 partos y modifica su cuerpo sin darle importancia, porque lo que se construye en su interior es bastante más crucial para su vida que todo lo demás. Los hijos son la demostración palpable del amor entre dos personas, la forma de reproducción de nuestra especie a la que nosotros añadimos un significado de romanticismo, pero es que efectivamente en nuestro caso fue así.

Hemos superado de todo, mil cosas, mil millones de obstáculos y dos graves casos de cáncer. Nuestra fuerza y amor no ha impedido que se te caiga el pelo, que te debilites muchísimo, pero sí que la enfermedad avance e incluso por fin ha desaparecido. Nuestros corazones están tan unidos que tal fuerza consiguen.

Hemos superado muertes, la de nuestros padres y también la de nuestros hermanos. La depresión nos ha golpeado con fuerza y aquí estamos, apoyándonos el uno en el otro para seguir caminando en la carretera de la vida.

Cinco casas hemos tenido, pisos, chalets y apartamentos y aquí estamos, en un hogar que seguro que no será el último porque no nos faltan aventuras por recorrer. Andando, corriendo y en coche, juntos descubriremos todas las ciudades de nuestro país, porque nos encanta viajar y, te puedo asegurar, que es algo que nunca va a terminar.

Seguiremos descubriendo nuevos lugares y en ellos perpetuar nuestra tradición de besarnos con la nariz y retratarlo para quien quiera descubrirlo. Hemos visitado montañas, playas, campos, monasterios, castillos, ciudades como Nueva York y desiertos como el Sáhara. Y seguimos, seguiremos, sin nada que nos lo impida, descubriendo el mundo, cogidos de la mano.

Pero no importa si es una ciudad extranjera o una tienda de nuestra calle. Lo importante es que lo hagamos entre los dos, que no cesemos en seguir nuestra vida juntos, sin importar lo sucedido fuera y dentro de nuestro cuerpo.

No hablo de mí porque sé lo que tú piensas, me ves un todo un don Juan que no envejece cuando sabes perfectamente que no es así. Yo voy a ser sincero. Tienes los pechos caídos, el culo ya no es tan prieto como antes, tus arrugas van surcando cada vez más todo tu cuerpo y, ¿sabes qué opino de todo ello? Que eso lo puedo ver constantemente y no importa, porque mi visión es diferente. Yo sólo capto tu esencia, tu belleza interior, tu hermosura de juventud, es lo único que se quedó impregnado en mi retina y es lo que sigo viendo cada día de mi vida. Incluso ciego, sólo vería eso.

Espero poder demostrarlo con la pasión que me queda, con mis besos cada vez más torpes y mis manos cada vez más temblorosas. Sé que es culpa mía, que no he cuidado ni de mi físico ni del tuyo, pero me es tan difícil negarte un solo capricho. Sólo quiero llevarte a los mejores restaurantes, que disfrutes de todas las delicias exóticas del mundo, que no quede fruta ni champagne que no hayas probado, ni tampoco postres ni pasteles que hayan elaborado.

Quiero que seas feliz a mi lado. Creo que lo he conseguido, lo noto en tu sonrisa, mientras lees esta carta y con tus ojos, tras tus gafas, me dices con la mirada que es cierto, que todo lo contado así ha sucedido, que esos son tus sentimientos y que nada ha cambiado, que hoy es sólo un día más. Es un día cualquiera. Es un día en el que nos demostramos nuestro amor, en el que descubrimos juntos el mundo, el amanecer, el anochecer y nos acostamos, para esperar el día de mañana, de nuevo, cogidos de la mano.

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