Carta de amor – Invitación a cenar

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Hola querida amiga, esta carta quería escribírtela hace muchísimo tiempo pero no encontraba ni el momento ni el valor para ello, pensando además que tras completarla debía entregártela lo que, sin duda, me ocasionaba mucho más temor que todas las cosas que he hecho en este mundo a mis 20 años de edad.

Esta carta es una invitación a cenar, pero no a una cena en grupo con los amigos como las que venimos haciendo durante los últimos meses, sino más bien algo privado, entre tú y yo, porque creo que tenemos mucho de qué hablar.

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Ciertamente que lo que pasó la otra noche no es fruto sino del alcohol y las largas horas durante la noche divirtiéndonos y disfrutando de la compañía mutua, de querer estar el uno con el otro, de querer tocarnos, bailar y, finalmente, pues besarnos.

Pero no creo que todo fuera una consecuencia de la fiesta y de la alargada noche de verbena, sino que hay detrás algo que deberíamos solucionar, algo que nuestros corazones quizás todavía no han querido gritar a los cuatro vientos pero que, a lo mejor, deberíamos dejar que se expresasen como ellos quisieran.

He estado pensando mucho en esa noche. En el momento en el que nos cogimos de la mano y decidimos finalizar el baile con un beso. Sé que nuestros amigos lo vieron tan normal, pero al terminarlo vi una chispa en tus ojos que no podía ser algo corriente, algo usual, algo inocente. Había detrás de ellos un sentimiento que me hizo pensar que algo más escondías con ese gesto, además de la felicidad propia de una noche de música y diversión.

Creo que debemos hablar, de poner las cartas sobre la mesa. Somos amigos muchos años y es hora de que expongamos nuestros sentimientos sin tapujos, para que los dos, sin ningún temor, sepamos qué decisiones tomar. Yo lo tengo bastante claro, no fue fruto del momento lo que te dije durante esa maravillosa canción. Creo que tú también fuiste muy sincera y me dijiste algo que tenías guardado en el corazón desde hace demasiado tiempo así que, ¿por qué no nos lo volvemos a decir, nos lo confirmamos y tomamos una decisión?

Por supuesto, nada de esto tiene por qué afectar en nuestra amistad. Podemos ciertamente disfrutar de una cena tranquila sólo con nuestra compañía aunque, si te soy sincero, prefiero hablar del tema nada más llegar, para así evitar cualquier momento incómodo y seguro que luego la comida nos sabe mucho mejor, pues tengo bastante claro qué piensas tú y qué siento yo.

¿Te parece bien en el chino o prefieres el italiano? A mí los dos me gustan igual y sé que a ti también.

No es que quiera frivolizar, tal y como comienzo la carta es completamente lo que siento, tengo miedo de tu reacción, de que quieras exagerar lo que esto verdaderamente significa y al final todo el problema recaiga en nuestra larga amistad ya de muchos años y con muchas confidencias.

He escuchado todos tus problemas con los novios que has tenido, tú has conocido mis desastres amorosos. Ciertamente somos dos personas difíciles de satisfacer y con un pasado romántico muy caótico. Quizás sea estando juntos los dos como podemos evitar que nuevos fallos o hecatombes similares nos sucedan, ¿quién sabe?

Mi argumento, para que puedas ir preparándote, si quieres, cualquier frase desestabilizadora de esas que tanto te gusta utilizar en nuestras reuniones nocturnas, se basa en que nos conocemos a la perfección y eso es prueba irrefutable de que si queremos estar juntos, estamos más que seguros y preparados para ello. No cabe ningún error y seguro que el resultado es satisfactorio para los dos.

Bueno y si no estás de acuerdo, si realmente quieres defender la postura de que lo que pasó la otra noche no tiene más significado fuera de aquél maravilloso momento, bueno pues por mi parte no te preocupes que puedo olvidarlo, o más bien tenerlo en el recuerdo como algo bonito que sucedió entre dos grandes amigos porque eso, principalmente, es lo que más importa.

¿Y quién sabe si a lo largo del verano podremos disfrutar de otra noche como la del otro día en la que los sentimientos y la música se antepongan a la razón? ¡Yo encantado!

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