Carta de amor Inexistente

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Esta carta de amor está dirigida a todos los que, como yo, han amado algo que no existía. Obviamente al principio se cree que sí existe, pero el darse cuenta de la realidad, es algo muy doloroso.

Creo que Internet es lo que más ha motivado estas situaciones, estos nuevos momentos de juego sentimental que no impiden caer en la depresión. Aunque deprimirse por algo que nunca ha sucedido es bastante tonto, ¿verdad?

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No culpo a Internet en realidad, debería haber sido yo quien tuviera más conocimiento a la hora de embarcarme en este tipo de aventuras. Todo comenzó una fría noche de otoño, cuando tras un verano lleno de ilusiones, el frío hace recordar que nadie a tu lado te está abrazando y necesitas calor artificial para no morir congelado, sentimentalmente hablando.

El corazón también necesita de un poco de calor y, por esa razón, decidí buscar a mi futura pareja en uno de estos chats sociales que tanto utiliza la gente. No sé si la gente joven, la gente mayor, la gente desesperada o todo el mundo, pero lo cierto es que se utiliza y mucho. El chat en el que entré, uno de mi ciudad, estaba lleno de gente pese a ser un sábado por la noche. Parece que somos muchos los que querríamos salir a divertirnos, pero no tenemos a nadie con quien hacerlo.

Intenté entablar conversación con varias mujeres y a punto estuve de irme frustrado, hasta que finalmente una chica decidió seguirme el juego. Lo cierto es que era todo muy natural, le hablé un poco de mí, me interesé por ella y en poco tiempo ya me decía que le caía muy bien. Ella a mí también, la verdad.

Como suele suceder en estas ocasiones, no nos dimos ningún tipo de información de contacto, ni mail, ni perfiles sociales, ni teléfono… nada. Quedamos en que nos volveríamos a ver por la sala de chat porque ella me aseguraba que la visitaba con frecuencia. Con un poco de pesar y algo de desconfianza, me despedí de ella pensando que nunca más volvería a hablarle.

Pero me equivocaba.

Al día siguiente allí estaba ella, tan animada y contenta de verme como yo. Supongo que te imaginas la elegancia de estar hablando con alguien en un bar o restaurante, a la luz de las velas y con música romántica de fondo, cuando en realidad estás en tu casa con la misma ropa que el día anterior. Pero la magia existía o yo creía verla y así comenzamos una relación a base de conversaciones atropelladas y confesiones inacabadas.

Estuvimos dos semanas hablando por el chat hasta que ella me ofreció una charla más íntima a través de otro programa como Skype. Yo estaba encantado, por supuesto y quedamos un día concreto para vernos cara a cara y poder conocer la voz del otro. Era algo así como una cita, pero sin salir de casa.

Yo estaba muy ilusionado y había preparado los temas de conversación con ella. Me contó que era veterinaria y ya había estudiado sobre animales, me dijo los lugares que quería visitar y me había atrevido a buscar alojamiento por si surgía el tema de irnos a un viaje romántico, incluso me contó que había estado de vacaciones en una playa cerca de mi ciudad y me trasladé una mañana a verla para saber qué sentía ella al estar allí.

Pero entonces recibí una carta. Era un email enviado a la dirección Skype que le había proporcionado. Ella quería la dirección, no quedar conmigo. Quería escribirme y confesarme todo. Al parecer no era una joven veterinaria sino una mujer ya demasiado mayor para soñar con Universidades, casada y con 2 hijos. Estaba harta de su matrimonio y quería fantasear un poco. No le gustaba nada de lo que me dijo, de hecho por lo que me contó tenía una personalidad mucho menos amable y dada a los viajes, nunca había salido de su barrio y la experiencia de la playa que me contó era de una amiga suya, que la visitó el pasado verano.

Me confesó que la cosa se le había ido de las manos, que no quería hacerme daño y que siente lo sucedido, pero que ya no volveríamos a hablar nunca. Entraría de nuevo al chat, pero con otro nick, una de las ventajas del anonimato digital.

Es curioso. Creía estar enamorándome. Y me estaba enamorando de algo inexistente.

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