Carta de amor y agradecimiento

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Se dice que no se debe agradecer un beso ni tampoco se debe pedir. Siempre debe recibirse con alegría y satisfacción de aquél que lo quiera dar. Sin embargo, esta carta que te escribo querida mía no es sólo de amor, sino también de agradecimiento.

Y creo que ya sabes qué es lo que agradezco. He pasado una época muy dura tras mi fracasado matrimonio y el divorcio no ha sido nada fácil, pero por suerte te he tenido a ti, a tu corazón y, desde luego, a tu soporte.

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Has sido la persona más importante para mí en estos momentos y no sé cómo podría haberlo conseguido tan rápidamente sin tenerte a ti a mi lado. Y eso que nuestra relación sin más impedimentos de terceros ya podría haber sido realmente difícil. Venimos los dos de culturas completamente distintas. Yo crecí en un pequeño pueblo de Italia y tú vienes de la extraña India.

Todavía desconozco gran parte de tu lugar de origen y de tus tradiciones pero también sé que las mías son aún una incógnita para ti por no comprenderlas. Sin embargo ahí has estado, a mi lado, soportando todo lo que se nos ha venido encima. Y no puedo menos que agradecértelo.

Deja que te explique por qué es tan importante para mí que hayas estado apoyándome. En mi pequeño pueblo donde crecí, las relaciones eran todavía muy tradicionales. En no pocas ocasiones la primera mujer que te besaba o que te amaba mejor dicho, terminaba siendo tu esposa para siempre. Así lo consideraban ellas, así lo considerábamos nosotros y así lo consideraba hasta el alcalde.

No te sorprenderá por ello que mi ex mujer fuera precisamente mi primera novia. Luego he tenido muchas aventuras, pero al final he regresado a lo que mi tradición ha exigido desde siempre, volver con el primer amor. ¡Qué gran desastre provocamos con ello!

Estaba claro desde casi el principio que no saldría bien nuestra unión, pero no quiero hablar de cuentas pasadas en esta carta de amor y agradecimiento, sino de lo que significó precisamente la ruptura de tal relación.

El pueblo entero nos repudió, nadie quiere que vuelva, mis padres se sienten avergonzados con respecto a sus vecinos según me han contado y mis amigos se mofan de la que se ha montado con mi divorcio, aunque reconocen que no entienden por qué volví a las tradiciones amorosas del pueblo si sabía que todo iba a acabar tan mal.

Ciertamente no sabía que éste iba a ser el final, pero me alegra de que así haya sido. Con ello he podido obtener varias cosas positivas. Una de ellas es, desde luego, poder conocerte y al final amarte de forma correspondida. Pero también poder renunciar a mi arcaico pasado y acoger nuevas culturas y tradiciones, concretamente las que nosotros consideramos correctas y no las que nos imponen los demás.

Me has abierto los ojos, me has abierto el corazón y has despertado en mí sentimientos que realmente nunca he tenido. Es posible que tú seas mi verdadero primer amor. Esto lo digo porque también te he prometido romanticismo en la carta y ante ti no pienso fallar a mi palabra.

Desde el primer día que nos conocimos he estado enamorado de ti. Que luego me correspondieras no sé si es suerte, destino o llámalo como quieras, pero de mi parte si algún día conoces al responsable dile que le debo mi vida entera.

Sí, hablo de toda mi vida porque no renuncio al amor, no rechazo lo que es un sentimiento eterno que puede sentirse hacia esa persona que te hace sentir tan especial, incluso en momentos en los que todo podría ser completamente negativo, pero que consigue convertir en auténticos éxitos del amor, de la razón y de la ley.

Creo que me voy un poco por las ramas cuando te quiero decir en realidad dos cosas. La primera es que te he mentido un poco. La carta que te escribo y que dejo sobre tu mesita de noche no sólo es de amor y agradecimiento aunque ambos valores como ves están muy presentes. Sin embargo hay un objetivo oculto que quería exponer sólo al dejar claros mis sentimientos hacia ti.

La vida me ha enseñado que si no arriesgas no ganas. Y también me ha mostrado que no todos los amores son eternos. Pero no por ello voy a renunciar a unos sentimientos que no me atisban duda. Así pues,

¿Quieres casarte conmigo?

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