Carta de amor a Mamá

carta de amor a mama

Querida mamá,

“Mamá” y “papá” son siempre nuestras primeras palabras. Y no, no me refiero a cuando estamos aprendiendo a hablar (aunque es verdad que es así, con una mezcla de sílabas sencillas y sentimientos de apego) sino a que, en casi cualquier circunstancia, son nuestras primeras opciones: cuando recibimos una buena noticia, como buenas notas en esa materia que tanto nos costó estudiar o ese proyecto en el trabajo que tanto nos costó sacar.

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Cuando las cosas no salen tan bien como pensábamos y necesitamos un abrazo o unas palabras de consuelo, y, tal vez, incluso mamá nos dedique una canción. Cuando nos rompen el corazón o cuando se acaba una amistad. Mamá siempre está allí para recordarnos cuan valiosos somos y la suerte que tienen quienes nos rodean de tenernos en sus vidas, pero… la verdad es que nadie es más valioso que yo por tener una mamá como tú, como tú que, aunque hay tantas, para mí hay solo una.

Porque, más que traerme al mundo, tu eres: la mano fuerte que me sostuvo firmemente al dar mi primer paso frente a la vida, mientras temblaba de incertidumbre. La sonrisa más ancha de todas al ganarme un diploma o cualquier clase de reconocimiento. El pañuelo más suave que pueda albergar mis lágrimas. La complicidad brindada para lograr que papá me dé su permiso o para faltar a un día de escuela.

El silencio que escucha atentamente todas mis quejas y que, cuando callo, me ofrece el más sabio de los consejos con la más serena de las voces. La mejor abogada que se pueda pedir ante cualquier injusticia y la jueza más dura ante los errores que cometí adrede; gracias a ello, forjé mi carácter y entendí la diferencia entre hacer lo que me plazca y hacer lo correcto.

Mamá, gracias

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